Cuba en Breve: Un año de desinformación: La guerra narrativa de Rusia en América Latina y la triangulación Pekín-La Habana-Moscú

 

En los últimos doce meses, el Kremlin ha intensificado su ofensiva de desinformación en América Latina mediante una estrategia sofisticada y bien financiada que combina entrenamiento directo de influencers, alianzas con regímenes aliados y la reactivación de narrativas históricas falsas.

Según un informe de inteligencia estratégica por Jeffrey Shapiro de la Digital News Association (DNA) presentado el 31 de marzo de 2026 en el Museo Americano de la Diáspora de Miami, Rusia capacitó a más de 1.000 influencers y creadores de contenido de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia y México para difundir campañas coordinadas de desinformación. Gelet Martínez (ADN Cuba) y Nicolás de Pedro (Institute for Statecraft) , entrre otros, tambien expusieron sobre las estrategias y tácticas del Kremlin.

La táctica del Kremlin es flexible y se adapta a la ideología dominante de cada país: explota el antiimperialismo y el anticolonialismo de izquierda en América Latina, mientras penetra en sectores conservadores de Estados Unidos con el tema anti-immigrante, y la amenaza de usar la migracion para reemplazar la poblacion nativa. .

El objetivo es claro: desacreditar a la disidencia, debilitar la sociedad civil, sofocar movimientos pro-democráticos y “lavar” la narrativa sobre la invasión rusa a Ucrania.

Para lograrlo, Moscú utiliza cinco tácticas principales: manipulación emocional, selección sesgada de hechos, teorías conspirativas, falsas equivalencias y amplificación de posturas extremas.

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Además, la investigación identificó al menos 16 sitios web falsos que simulan ser medios legítimos para confundir al público hispanohablante.En el caso de Cuba, la coordinación es especialmente estrecha y visible.

Durante 2025, directivos de Sputnik mostraron interés en coproducir contenidos con Ideas Multimedios del régimen; en abril se firmó un memorándum de cooperación entre Cubadebate y Sputnik; en agosto, el Instituto de Información y Comunicación Social de Cuba (ICS) y Sputnik rubricaron un convenio de colaboración; y en octubre, Miguel Díaz-Canel celebró públicamente el 20 aniversario de Russia Today (RT) en su cuenta de X.

Estos acuerdos se suman a convenios previos de capacitación de personal mediático, creación conjunta de contenido y proyectos de radio, todo dentro de una alianza estratégica que incluye el Laboratorio de Tecnologías Informáticas Avanzadas entre la Universidad de La Habana y la Universidad Federal del Sur de Rusia.

Esta guerra narrativa no opera en el vacío. Como explica el análisis de John Suarez en Cubanet, forma parte de una triangulación histórica entre Pekín, La Habana y Moscú que remonta a la Conferencia Tricontinental de 1966 y a la falsa definición leninista del imperialismo como “etapa superior del capitalismo”.

Esa narrativa —diseñada para demonizar exclusivamente a las democracias de mercado occidentales mientras exime a los regímenes comunistas— fue globalizada por la OSPAAAL y sigue siendo el andamiaje ideológico que hoy utilizan Russia Today, Sputnik y los medios oficiales cubanos para justificar la expansión rusa y china.

CubaEnBreve presenta este dossier porque la desinformación rusa no es un fenómeno lejano: es una herramienta activa del régimen cubano para mantener su poder, confundir a la opinión pública internacional y seguir aislando a la disidencia. En un momento en que Occidente enfrenta una confrontación informativa permanente, entender esta maquinaria resulta indispensable para defender la verdad y la causa de la libertad en Cuba y en toda la región.

 

Diario de Cuba, 1 de abril del 2026
 
Rusia

Moscú capacitó a más de 1.000 influencers, incluidos cubanos, para difundir desinformación, afirma un informe

La táctica del Kremlin se adapta a la ideología de cada gobierno, explica una de las autoras de la investigación.

DDC
Miami

Embajada de Rusia en Cuba. Embajada de Rusia en Cuba/Facebook

Rusia capacitó a más de 1.000 influencers y creadores de América Latina, entre ellos cubanos, para difundir campañas de desinformación, asegura un informe de inteligencia estratégica elaborado por la Digital News Association (DNA).

El texto fue presentado el martes durante el foro “Estrategia de Desinformación de Rusia. Cómo el Kremlin fabrica la división”, desarrollado en el Museo Americano de la Diáspora, de Miami, informó el medio estadounidense Martí Noticias.

De acuerdo con el informe, los comunicadores entrenados por Moscú procedían de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia y México.

Los hallazgos incluyen el uso que hace Moscú de su aparato de propaganda, en coordinación con regímenes aliados como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, para intentar desacreditar a la disidencia, debilitar la sociedad civil y sofocar movimientos pro-democráticos.

El informe destaca que el Kremlin se vale de medios en español, plataformas digitales, influencers y actores regionales.

Gelet Martínez, una de las autoras de la investigación y fundadora de los medios ADN Cuba y ADN América, explicó que la táctica se adapta a la ideología de cada gobierno, alimentando divisiones y polarización, según la citó el medio argentino Infobae.

Martínez señaló que mientras en los países de América Latina Moscú explota las ideas de izquierda y los sentimientos antiimperialistas y anticoloniales, en Estados Unidos las campañas penetran en sectores conservadores.

El trabajo de la DNA se apoyó en una plataforma de inteligencia artificial para monitorear publicaciones en español relacionadas con el aparato mediático ruso.

La investigación identificó cinco tácticas principales empleadas por la maquinaria rusa: manipulación emocional de la información, selección sesgada de hechos, inserción de teorías conspirativas, generación de falsas equivalencias y amplificación de posturas extremas.

Mediante las acciones que desarrolla su aparato de propaganda, Moscú busca influir en la opinión pública, fortalecer los vínculos con gobiernos afines y hacer un “lavado de narrativas” sobre temas como la invasión rusa de Ucrania, de acuerdo con el informe.

La investigación detectó, además, al menos 16 sitios web creados por Rusia que simulan ser medios de comunicación reconocidos, con el objetivo de confundir a los usuarios.

Lo que (Rusia) hace normalmente es más que nada a nivel cognitivo tratar de distorsionar tu realidad, utilizar verdades, pero que amplifican aquellos rasgos y temas que pueden acrecentar la subversión y las divisiones”, dijo Martínez durante el evento en el Museo Americano de la Diáspora, según Martí Noticias.

Nicolás de Pedro, investigador senior en The Institute for Statecraft, en Londres, presentó su ponencia en el foro mediante un video y señaló que para Rusia la desinformación es un arma para atacar a Occidente.

“Vivimos en un marco de guerra de confrontación informativa permanente”, afirmó de Pedro, quien es uno de los principales expertos de Europa en desinformación rusa y amenazas híbridas.

“Quienes te perciben como un adversario, en este caso Rusia, están operando de forma hostil en todo nuestro espacio informativo y esos genera connotaciones muy serias”, advirtió.

En el caso cubano, varios ejemplos demuestran la coordinación entre su aparato mediático y el de su aliado euroasiático.

En enero de 2025, directivos de la agencia oficial rusa de noticias Sputnik, una de las piezas claves de la propaganda del Kremlin, mostraron interés en coproducir contenidos con la entidad mediática del régimen cubano Ideas Multimedios.

Tres meses después, el portal oficial Cubadebate y Sputnik firmaron en La Habana un memorándum de cooperación para “ampliar las asociaciones en el ámbito internacional, la cobertura de noticias sobre las relaciones entre Cuba y Rusia, y las noticias internacionales en español”.

En agosto del propio año, el Instituto de Información y Comunicación Social de Cuba (ICS) y Sputnik firmaron un convenio para colaborar en la cobertura de eventos bilaterales significativos, así como “en la divulgación de temas de trascendencia global”.

En octubre, cuando el canal de noticias ruso Russia Today, eje de las campañas de desinformación del Kremlin, cumplió 20 años, Miguel Díaz-Canel le hizo propaganda mediante un corto video publicado en su cuenta de X, en el que celebró que el medio ruso permite al régimen cubano decir “sus verdades”.

En mayo de 2023 salió a la luz que la Universidad Federal del Sur y la Universidad de La Habana firmaron un acuerdo para el establecimiento del Laboratorio de Tecnologías Informáticas Avanzadas

Ese y otros acuerdos se alcanzaron durante una reunión entre la viceministra de Desarrollo Digital de Rusia, Bella Cherkesova, y el presidente del Instituto de Información y Comunicación Social de Cuba, Alfonso Noya Martínez, informó entonces la agencia TASS.

Rusia y Cuba también acordaron capacitar conjuntamente al personal de la industria de los medios, ayudarse mutuamente en la creación de contenido y lanzar proyectos en la radio”, señaló el comunicado hecho público tras el acuerdo.

https://diariodecuba.com/cuba/1775035667_66205.html 

 
Cubanet, April 1, 2026

Cómo la triangulación de narrativas de Pekín, La Habana y Moscú difunde desinformación para debilitar a Occidente

Por John Suarez

Miguel Díaz-Canel y Vladímir Putin (Foto: MINREX)

Miami. – Las narrativas y la desinformación tiene una relación simbiótica, de interdependencia, que hace que las primeras actúen de “andamiaje” capaz de hacer de la información falsa o engañosa algo creíble y persuasiva. Mientras que la desinformación se refiere a hechos falsos concretos o eventos fabricados, una narrativa es la historia general o el “lente” que da significado a esos hechos.

La falsa narrativa de Lenin sobre el imperialismo y un siglo de desinformación

Por ejemplo, Vladímir Ilich Lenin escribió en 1916 y publicó en 1917 “Imperialismo, fase superior del capitalismo“. En esta obra el revolucionario ruso definió “el imperialismo como la etapa final y monopolista del capitalismo, caracterizada por la dominación global del capital financiero, los cárteles y la división del mundo entre naciones ricas”. Permítanme subrayar esta idea repitiendo la cita del capítulo siete: “Si fuera necesario dar la definición más breve posible del imperialismo, tendríamos que decir que el imperialismo es la etapa monopolista del capitalismo”.

Sin embargo, los historiadores profesionales señalan que el primer imperio de la historia fue el Imperio acadio (c. 2334–2154 a. C.), ubicado en lo que hoy es el centro de Irak. El Imperio acadio no era capitalista, sino que al contrario es considerado como uno de los más tempranos ejércitos de economía planificada o dirigida. El Estado se sustentaba en la autoridad de un rey, un ejército de burócratas y la fuerza militar, no un sistema de libre mercado.

La definición de imperialismo que hace Lenin omite la historia de imperios que tenían características similares a los regímenes de Moscú, Pekín y La Habana. Su definición crea una narrativa según la cual las democracias occidentales con sistemas de mercado son inherentemente imperialistas, mientras que los regímenes comunistas no lo son por definición, al no ser capitalistas.

Esta narrativa falsa constituye el fundamento de la campaña de desinformación de los regímenes comunistas para demonizar a las democracias occidentales y sus sistemas de mercado. Definen las democracias como sistemas inherentemente inclinados al imperialismo y, por el contrario, rechazan la posibilidad de que los propios regímenes comunistas puedan ser imperialistas.

Primer esfuerzo por romper la falsa narrativa leninista

El 13 de enero de 2026, en el Museo de las Víctimas del Comunismo en Washington D. C., el Center for a Free Cuba y la Victims of Communism Memorial Foundation organizaron la conferencia “60 años de terror cubano: cómo La Habana, con la Tricontinental de 1966, construyó una red global de terror”, donde presenté una ponencia centrada en las contradicciones del “antiimperialismo” cubano.

En mi intervención comencé proporcionando información básica.

La Conferencia Tricontinental, celebrada en La Habana del 3 al 16 de enero de 1966, fue el origen de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL). Aunque durante seis décadas proclamó dirigir sus esfuerzos a apoyar a grupos revolucionarios y terroristas en Europa, África, América y Asia con el objetivo declarado de luchar contra el imperialismo, en la práctica se dedicó a subvertir democracias y atacar regímenes autoritarios no comunistas.

Aunque correcta, mi presentación fue superficial. Afortunadamente, este encuentro me brinda otra oportunidad para profundizar en el otro legado de la Tricontinental: el rescate de la narrativa falsa preexistente que sistematizó y potenció difundiendo desinformación a mayor escala durante los últimos 60 años, causando un gran daño a la causa de la libertad y la civilización.

De alguna forma, el título de este evento, “Un año de desinformación: la guerra narrativa de Rusia en América Latina”, subestima el ataque sistemático y continuo de Moscú a la civilización occidental y su legado bolchevique de 110 años. Sin embargo, no deben ignorarse los papeles desempeñados por el castrismo y el maoísmo en la configuración del resultado final.

He estado revisando literatura y archivos sobre la Tricontinental y se evidencia una triangulación clara entre dos superpotencias y una potencia regional que competían por el control, mayor poder e influencia.

La Conferencia Tricontinental desempeñó un papel en la globalización, sistematización y difusión del “relato selectivo” del imperialismo enmarcada por Lenin y la Unión Soviética. Instrumentalizó la definición de Lenin para atacar el “imperialismo yanqui” occidental, mientras protegía a los Estados comunistas y sus aliados de esa etiqueta.

Este evento integró un marco de desinformación asimétrica en los movimientos de liberación del Tercer Mundo, redes de izquierda y el discurso global antioccidental, con ecos institucionales y culturales que persisten hasta la actualidad.

Las declaraciones, resoluciones y discursos de la conferencia encuadraron el “imperialismo” como lo hizo Lenin en 1916–17: como la etapa monopolista del capitalismo, centrada en el capital financiero occidental, la explotación neocolonial y la agresión militar. El discurso de clausura de Fidel Castro calificó al imperialismo yanqui como el “centro, eje y principal sostén” de la dominación global, uniendo a los delegados en la lucha contra él mientras presentaba la solidaridad socialista como su antídoto. El mensaje de Che Guevara (leído en voz alta) instaba célebremente a crear “dos, tres, muchos Vietnam” para rodear y derrotar a las democracias occidentales.

Cómo la ruptura sino-soviética radicalizó aún más los resultados de la Tricontinental

Tanto Pekín como Moscú asistieron a la Conferencia Tricontinental con delegaciones gubernamentales, pero la ruptura sino-soviética era visible: los discursos y maniobras incluyeron “pullas y recriminaciones” mientras ambas potencias competían por el liderazgo del frente antiimperialista.

Los maoístas no boicotearon ni abandonaron la conferencia; por el contrario,prefirieron participar para superar a los soviéticos en ideología y organización.

Los delegados chinos impulsaron el marco leninista del imperialismo como la “fase superior del capitalismo”, centrado en el capital financiero y la agresión de Estados Unidos/Occidente y rechazaron cualquier tentación de apaciguamiento por parte de los soviéticos mediante expresiones como “coexistencia pacífica” (considerada capitulación por Pekín). Un delegado chino declaró: “La Conferencia Tricontinental debe discutir la unidad de los pueblos de los tres continentes en la lucha contra el imperialismo y no la cuestión de la coexistencia pacífica”. Pekín, junto con La Habana, insistió en que la conferencia se centrara en la lucha armada popular contra el “imperialismo estadounidense como enemigo declarado de los pueblos del mundo y gendarme internacional”, apoyando el derecho a la revolución y la guerra popular.

Moscú habría querido establecer la OSPAAAL en El Cairo, pero Pekín logró que se ubicara en La Habana.

Al radicalizar la retórica y consolidar a La Habana como centro, Pekín contribuyó a globalizar esta falsa dicotomía entre los movimientos de liberación de África, Asia y América Latina. Las resoluciones de la conferencia y las publicaciones de la OSPAAAL (carteles, boletines) difundieron el marco leninista: democracias de mercado occidentales = imperialistas por naturaleza; Estados socialistas/comunistas = liberadores, sin autocrítica.

Esto significaba que no se condenarían la ocupación china del Tíbet, el genocidio en curso contra los uigures, las amenazas de Pekín de invadir Taiwán ni su negativa a reconocer su derecho a la autodeterminación, ni tampoco la iniciativa de la Franja y la Ruta, descrita como “diplomacia de la trampa de la deuda”, que obliga a países en desarrollo a ceder activos estratégicos a cambio de alivio financiero. Por el contrario, La Habana lideró de forma constante esfuerzos diplomáticos en Naciones Unidas para defender las acciones de China y evitar el escrutinio internacional. También apoyó las iniciativas coloniales y neocoloniales de Moscú, participando en atrocidades que alcanzan el nivel de genocidio.

Pekín y Moscú no socavaron la narrativa compartida; intensificaron la competencia por erigirse como el líder antiimperialista más puro.

Esta dinámica hizo la desinformación más potente: las audiencias del Tercer Mundo recibieron un mensaje unificado que justificaba las expansiones de Pekín y Moscú mientras demonizaba ( y aun demonizan ) a Occidente.

Ejemplos actuales

Por ejemplo, Russia Today (RT), la cadena de noticias internacional financiada por el estado ruso, continúa promoviendo, hasta el día de hoy y al servicio de los objetivos de Moscú, la falsa narrativa inventada por Vladimir Lenin sobre el imperialismo.

Aquí recojo tres artículos publicados en Russia Today que reflejan muy bien esta dinámica:

En primer lugar, en 2024 Russia Today volvió a publicar la “Carta a los trabajadores estadounidenses”  en la que Lenin señala el imperialismo estadounidense como la forma “más nueva y más fuerte” de “esclavismo contemporáneo”. Se omiten el Terror Rojo de Lenin, las expropiaciones, la supresión de la disidencia y las expansiones imperiales de la Unión Soviética.

En segundo término,  un artículo de opinión de Catherine Shakdam de 2016 respalda explícitamente las predicciones de Lenin como “absolutamente correctas” y encuadra las las alianzas occidentales (como los vínculos entre EE. UU. y Arabia Saudí) como resultados lógicos de un neoimperialismo impulsado unilateralmente por Estados Unidos. No hay ningún análisis crítico de las alianzas autoritarias de Moscú ni de sus guerras imperiales en Siria y Ucrania.

Por último, John Wight publicó en 2017 un artículo en Russia Today con el título “De Lenin a Davos” . En él se argumenta que el actual orden neoliberal actual reproduce los excesos previos a 1917 a los que Lenin se refirió. Wight no menciona la caída global de la pobreza tras la Segunda Guerra Mundial bajo sistemas de mercado (la pobreza extrema cayó de  aproximadamente un 62 % en 1950 a apenas un 9,2 % en 2017), ni la extrema concentración de riqueza en Rusia bajo oligarcas vinculados al Kremlin.

Tomados en conjunto, estos artículos de Russia Today son un ejemplo de desinformación clásico dirigido, no a hacer un análisis auténtico, sino a impulsar los objetivos estratégicos del Kremlin para minar la cohesión de la OTAN y la Unión Europea, deteriorar la confianza en las democracias occidentales y en el modelo de libre mercado. Russia Today antepone la narrativa a la verdad y la evidencia empírica.

No sorprende por tanto que la versión de habla hispana de Russia Today  sea difundida y promovida en Cuba y en toda América Latina por las propias redes de difusión del gobierno cubano.

Ya es hora de que Occidente explique y desmonte esta narrativa falsa y la desinformación que la acompaña, en lugar de reforzarla o ignorarla. Sacar a la luz ejemplos pasados y presentes del imperialismo chino, ruso y comunista son una condición necesaria para desarticularlo.

John Suarez es el director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre. Fue oficial de programas para América Latina en Freedom House. Ha testificado sobre temas de derechos humanos en Cuba ante el Congreso de los Estados Unidos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington, DC

https://www.cubanet.org/como-la-triangulacion-de-narrativas-de-pekin-la-habana-y-moscu-difunde-desinformacion-para-debilitar-a-occidente/